Guía de compra de portátiles: cómo acertar con tu próximo ordenador

Última actualización: 7 marzo 2026
  • Define primero para qué vas a usar el portátil y ajusta procesador, RAM y gráfica a ese tipo de uso.
  • Prioriza SSD rápido, al menos 8‑16 GB de RAM y una pantalla IPS u OLED adecuada a tu forma de trabajar.
  • Revisa bien batería, puertos, conectividad y posibilidades de ampliación antes de comprar.
  • Elige una tienda fiable y marcas consolidadas para garantizar un buen soporte y una compra sin sorpresas.

Guía de compra de portátiles

Elegir un portátil hoy en día puede ser un auténtico quebradero de cabeza: hay cientos de modelos, fichas técnicas llenas de siglas y mucho marketing que no siempre ayuda. Tomarse un rato para entender qué necesitas y qué ofrece realmente cada componente marca la diferencia entre acertar a la primera o acabar con un equipo que se te queda corto a los pocos meses.

En esta guía de compra vas a encontrar todo lo que necesitas saber para decidir con criterio: qué mirar al comprar un portátil, qué componentes son clave según el uso, qué gamas de procesadores y gráficas te convienen, qué tamaño de pantalla es más cómodo para trabajar, estudiar, jugar o viajar, y también consejos prácticos sobre batería, conectividad, tiendas donde comprar y marcas en las que merece la pena confiar.

Primer paso: definir para qué quieres el portátil

Antes de hablar de procesadores, RAM o gráficas, lo más sensato es parar un momento y hacerse la gran pregunta: “¿para qué voy a usar realmente el portátil?”. Parece obvio, pero mucha gente compra pensando en “por si acaso” y termina pagando de más por potencia que nunca va a aprovechar.

Podemos agrupar los usos en tres grandes bloques: consumo de contenido (navegar, series, ofimática básica), creación de contenido ligera (estudios, trabajo de oficina, edición moderada) y creación exigente (vídeo, 3D, gaming, programación pesada, IA, etc.). Cada grupo necesita un tipo de máquina diferente.

Si solo quieres algo sencillo para internet, correo y vídeo, no necesitas un portátil de gama alta con gráfica dedicada ni 32 GB de RAM. Si, en cambio, vas a editar vídeo 4K o jugar a títulos AAA modernos, comprar un equipo muy básico será una fuente continua de frustraciones.

Por eso, el primer filtro que debes aplicar es este: consume vs crea vs crea “a lo bestia”. A partir de ahí, verás que todo lo demás encaja con más lógica y no te dejas llevar solo por el precio o el diseño.

Tipos de equipos según el uso: consumir o crear contenido

Cuando el uso principal es consumir contenido —navegación, vídeo, redes sociales, documentos sencillos— conviene tener claro que no hace falta un portátil “tocho” con Windows y hardware de gama alta. En muchos casos, estás pagando por compatibilidad y potencia que no llegas a estrenar.

Para este escenario encajan muy bien varias alternativas: Chromebook (ChromeOS), tablet con teclado y ratón o un portátil Windows ligero y sencillo, sin grandes alardes. Cada uno tiene sus ventajas y sus limitaciones, pero todos cumplen con solvencia para un uso básico.

En cambio, si tu objetivo es crear contenido de forma más o menos seria —edición de foto, vídeo, audio, programación, diseño, 3D, gaming— la película cambia por completo: aquí ya importan muchísimo el procesador, la gráfica, la RAM, el tipo de disco y, sobre todo, la refrigeración. No basta con que el equipo vaya “rápido” los primeros cinco minutos, hace falta que mantenga el tipo durante horas sin bajar de rendimiento.

En el terreno de la creación, hay dos ramas muy claras: portátiles ligeros orientados a productividad y creatividad (como ultrabooks o MacBook), y máquinas más voluminosas tipo gaming o workstation, pensadas para dar potencia sostenida y exprimir la GPU con menos restricciones térmicas.

Ordenador portátil en escritorio

Aspectos clave que debes analizar al comprar un portátil

Una vez claro el uso, llega el momento de bajar al detalle técnico. Procesador, memoria RAM, gráfica, almacenamiento, pantalla, batería y conexiones son los pilares que determinarán el rendimiento y la vida útil de tu equipo.

No se trata de ir siempre a lo más caro, sino de entender qué aporta cada elemento: un procesador demasiado flojo o poca RAM puede convertir un portátil nuevo en algo lento desde el primer día, y una gráfica poco adecuada puede lastrar tanto los juegos como ciertas aplicaciones profesionales o tareas de IA.

Procesador (CPU): el cerebro del portátil

El procesador es el encargado de ejecutar casi todo lo haces en el ordenador. Es uno de los componentes que más influyen en la sensación de fluidez general y, al mismo tiempo, uno de los que más encarecen el equipo.

Hoy por hoy mandan principalmente tres familias: Intel Core (i3, i5, i7, i9 y Core Ultra en la nueva nomenclatura), AMD Ryzen (3, 5, 7, 9 y Ryzen AI) y los chips Apple Silicon (M1, M2, M3, M4) en el caso de los MacBook. También empieza a coger fuerza Qualcomm con sus Snapdragon X en equipos ultraligeros con Windows en ARM.

En portátiles Windows clásicos puedes orientarte así: un i3 o Ryzen 3 sirve para ofimática y uso ligero, un i5 o Ryzen 5 es el punto dulce para la mayoría de usuarios, y un i7/i9 o Ryzen 7/9 está pensado para gaming, edición de vídeo, 3D o cargas muy pesadas. En Apple, incluso los M1/M2 básicos ofrecen un rendimiento notable para uso general, y los M3/M4 suben el listón en tareas profesionales.

Además de la “familia” del procesador, conviene fijarse en las letras del modelo (el sufijo): series U y Y priorizan eficiencia (mejor batería), la P equilibra rendimiento y consumo y las gamas H o HX se enfocan en rendimiento máximo, muy habituales en portátiles gaming y estaciones de trabajo.

Memoria RAM: multitarea y futuro del equipo

La RAM es la memoria que el sistema usa para mantener abiertas y ágiles las aplicaciones que estás utilizando. Cuanta más RAM, mejor se comporta el portátil con muchas pestañas, programas o proyectos pesados, y menos se notarán los tirones.

Hoy se consideran 4 GB como algo muy justo y solo válido para usos muy básicos, 8 GB como el mínimo razonable para navegar, ofimática y multimedia, y 16 GB como el punto ideal para quien trabaja con varias apps, hace algo de edición o juega con cierta alegría.

Para perfiles muy exigentes —edición de vídeo profesional, modelado 3D, máquinas virtuales, IA en local, gaming de alto nivel— 32 GB empiezan a tener mucho sentido para no ir al límite. Más allá de esa cifra solo es recomendable para casos muy concretos y muy profesionales.

Otro detalle importante es el tipo de memoria: las DDR5 buscan máximo rendimiento, mientras que LPDDR5/LPDDR5X destacan por su menor consumo. Estas últimas suelen ir soldadas en ultrabooks y MacBook: consumen menos y dan mejor autonomía, pero no se pueden ampliar después, así que hay que acertar desde el principio con la cantidad de RAM.

Tarjeta gráfica (GPU): integrada o dedicada

La GPU se encarga de todo lo visual: desde mover el escritorio hasta los videojuegos o el renderizado de escenas 3D. Si solo vas a escribir, navegar y ver series, una gráfica integrada moderna te sobra; las GPU integradas actuales (Intel Xe, AMD Radeon integradas, Apple M, Snapdragon) manejan sin problema vídeos en alta resolución y tareas básicas.

Si quieres jugar en serio, trabajar con programas de edición de vídeo, 3D, CAD/BIM o herramientas de IA que tiran mucho de GPU, una gráfica dedicada se convierte prácticamente en obligatoria. Aquí mandan NVIDIA (GeForce RTX) y AMD (Radeon), con un catálogo que va desde gamas modestas hasta auténticos monstruos para gaming y trabajo avanzado.

Conviene entender que en portátil, una GPU “de la misma serie” que en sobremesa no rinde igual porque el tamaño, la refrigeración y el consumo están mucho más limitados. Por eso existen gamas específicas “Laptop” con distintas configuraciones de potencia (TGP), pensadas para equilibrar rendimiento, consumo y temperatura.

La diferencia entre gráfica integrada y dedicada es importante: la integrada comparte memoria con la RAM y consume menos pero rinde menos en cargas gráficas pesadas, mientras que la dedicada tiene su propia memoria de vídeo (VRAM) y está pensada para tirar fuerte, aunque implique más calor, más ruido y un precio mayor.

Almacenamiento: SSD, HDD y capacidades recomendadas

El disco es donde se guardan sistema operativo, programas y archivos. Prácticamente todos los portátiles modernos montan ya unidades SSD, mucho más rápidas y silenciosas que los antiguos discos duros mecánicos (HDD).

Las unidades SSD pueden ser SATA (más económicas y algo más lentas) o NVMe (montadas en formato M.2, con velocidades muy superiores). Para un portátil actual, lo deseable es una unidad SSD NVMe como unidad principal, ya que acelera muchísimo el arranque del sistema y la apertura de programas.

Respecto a la capacidad, 256 GB puede valer si usas poco almacenamiento local, pero se llena antes de lo que parece. Lo recomendable hoy es partir de 512 GB para un uso general cómodo, y subir a 1 TB si vas a manejar muchos vídeos, fotos en alta resolución, juegos pesados o bases de datos grandes.

Los discos duros mecánicos casi han desaparecido en portátiles nuevos; a lo sumo se ven en equipos muy baratos o en sobremesas como complemento de gran capacidad. Si necesitas más espacio, un SSD externo o la nube pueden ser un gran aliado sin tener que sobrepagar por un modelo con mucho más almacenamiento interno.

Pantalla: tamaño, resolución, panel y formato

Vas a pasar horas delante de la pantalla, así que no es un detalle menor. El tamaño influye tanto en la comodidad de trabajo como en la portabilidad, mientras que la resolución, el tipo de panel y el acabado determinan la nitidez y la fidelidad de color.

Los tamaños más habituales van de las 13 a las 17 pulgadas. Entre 13 y 14 pulgadas tienes portátiles muy ligeros y fáciles de transportar, ideales para viajar y moverte a diario con ellos. Las 15,6 pulgadas son el punto intermedio clásico: buena superficie para trabajar sin sacrificar demasiado la movilidad.

Si apenas vas a sacar el equipo de casa o de la oficina y quieres una especie de “sobremesa portátil”, puedes mirar modelos de 16 o 17,3 pulgadas, que incluso suelen integrar teclado numérico y dan más espacio para multitarea, edición y juegos, a costa de peso y volumen.

En resolución, Full HD (1920×1080) es el estándar mínimo razonable hoy en día. Para diseño, edición, uso intensivo de texto o gaming exigente, resoluciones superiores tipo 2K o 4K pueden venir muy bien, siempre que la GPU esté a la altura. A más resolución, más trabajo para la gráfica y más consumo.

En cuanto al panel, lo más común es encontrar TN (más baratos, peores ángulos de visión), IPS (muy equilibrados en color y ángulos) y OLED (negros puros, contraste brutal y colores muy vivos). IPS es la opción más versátil; OLED es espectacular para cine y creación, aunque suele encarecer bastante el equipo.

También importa el acabado: las pantallas mate suelen cansar menos la vista y dan menos reflejos, mientras que las brillantes ofrecen una sensación de color más impactante pero sufren mucho con la luz directa. Las táctiles casi siempre son brillantes y encarecen el equipo, pero pueden ser muy útiles en convertibles 2 en 1.

Relación de aspecto y tasa de refresco

No todo es tamaño y resolución; la proporción de la pantalla también cuenta. Las relaciones 16:9, 16:10 y 3:2 marcan cuánta altura vertical tienes respecto al ancho.

El 16:9 es el estándar clásico de cine y TV: perfecto para ver vídeos, algo más justo para trabajar con documentos largos. El 16:10 suma un poquito de altura y se nota más cómodo para productividad y multitarea. El 3:2 es todavía más cuadrado, muy apreciado en fotografía y en tareas donde importa mucho el espacio vertical.

La tasa de refresco, medida en hercios (Hz), indica cuántas veces se actualiza la imagen por segundo. Los 60 Hz de toda la vida sirven para ofimática y uso general, pero para gaming se agradecen 120, 144 o incluso 240 Hz, que aportan una fluidez notable en movimiento.

Batería y autonomía real

La duración de la batería es crítica si trabajas fuera de casa o te mueves mucho. Los datos oficiales de los fabricantes suelen ser muy optimistas, ya que se calculan en condiciones de uso ligero. Lo normal es que en el día a día la cifra real baje bastante.

Como regla general, si vas a trabajar o estudiar fuera a menudo, busca portátiles que prometan al menos unas 8 horas de autonomía en uso de ofimática ligero. Hay gamas, como algunos LG gram o MacBook, que superan sin problema las 15-20 horas en ciertos escenarios, mientras que muchos modelos gaming se quedan en 2-4 horas si juegas o exprimes la GPU.

Si priorizas batería, conviene fijarse en procesadores eficientes (series U o equivalentes, chips ARM como Snapdragon o Apple M) y en memorias de bajo consumo. También ayuda que el equipo se pueda cargar por USB‑C, aunque no esperes las velocidades de carga rápida de algunos móviles.

Y no, no pasa nada por usar el portátil enchufado todo el tiempo: las baterías modernas dejan de cargarse al 100% y el equipo se alimenta del cargador. Si quieres mimar aún más la batería, muchos fabricantes ofrecen software para limitar la carga máxima al 80%.

Puertos, conexiones y webcam

Los portátiles cada vez traen menos puertos físicos, así que conviene revisar bien este apartado antes de compra. Lo mínimo razonable hoy es contar con varios USB‑C, algún USB‑A “de los de siempre” y una salida de vídeo (HDMI o USB‑C con modo DisplayPort).

Thunderbolt es un estándar de alta velocidad que usa el conector USB‑C pero ofrece muchísima más versatilidad: permite conectar monitores, almacenamiento muy rápido e incluso GPUs externas por un solo cable. No todos los USB‑C son Thunderbolt, así que fíjate en las especificaciones.

En conectividad inalámbrica, ya casi todos los modelos nuevos montan al menos Wi‑Fi 6, suficiente para la mayoría de usuarios. Wi‑Fi 6E añade bandas menos saturadas y algo más de margen, mientras que Wi‑Fi 7 mira más al futuro y a escenarios de baja latencia y mucho ancho de banda (VR, streaming 8K, etc.).

Un puerto Ethernet sigue siendo muy recomendable si vas a jugar online o necesitas la conexión más estable posible. Tampoco viene mal tener lector de tarjetas SD o microSD si trabajas con cámaras, aunque siempre podrás recurrir a adaptadores si el portátil no lo incluye.

Por último, no subestimes la webcam: para videollamadas profesionales es mejor buscar modelos con cámara Full HD (1080p) y al menos 30 fps. Muchas webcams integradas siguen siendo muy justitas, así que revisa este punto si te pasas el día en Zoom, Teams o similares.

Configuraciones recomendadas según el tipo de usuario

Con todos los conceptos sobre la mesa, vamos a concretar un poco más qué tipo de configuración tiene más sentido para cada perfil habitual. No se trata de marcas concretas, sino de combinaciones de procesador, RAM, gráfica, pantalla y batería que encajan mejor según el uso.

Portátil para estudiar, ofimática y uso doméstico

Si el portátil va a usarse para estudiar, navegar, hacer trabajos, videollamadas puntuales y ver series, puedes ajustar bastante el presupuesto. Un procesador tipo Intel Core i3 o i5 de gama reciente o un Ryzen 3/5 te va a dar margen de sobra.

En RAM, lo ideal es ir a por 8 GB como mínimo, mejor 16 GB si tu presupuesto lo permite. Un SSD de 512 GB es una cifra muy equilibrada para no andar apurado de espacio, especialmente si vas guardando apuntes, PDFs, fotos y algo de contenido multimedia.

La gráfica puede ser integrada sin problema. En pantalla, 14″ o 15,6″ Full HD con panel IPS y buen brillo te dará una experiencia cómoda tanto en casa como en clase. Aquí la autonomía es clave: busca algo que aguante el día de estudio sin sufrir.

Portátil ligero para trabajar y crear “en serio”

Si trabajas con herramientas de productividad avanzadas, algo de edición de foto/vídeo, código o gestión de proyectos, y valoras mucho la movilidad, los ultrabooks de gama media-alta y los MacBook Air/Pro son los grandes candidatos.

Lo razonable es mirar procesadores Intel Core i5/i7 o Ryzen 5/7 modernos, o chips M de Apple (M2, M3, M4 según presupuesto). En estos perfiles, 16 GB de RAM se han convertido prácticamente en el estándar para ir sobrado durante años.

En almacenamiento, mejor 512 GB o 1 TB si manejas muchos archivos pesados. La gráfica puede ser integrada si tu trabajo no depende de 3D ni de gaming exigente, ya que las integradas actuales ofrecen un buen empuje para edición moderada y tareas de IA ligera.

Busca pantallas de 14-16″ con buena resolución (al menos Full HD, idealmente 2K o similar) y panel IPS u OLED. Una batería que ronde o supere las 10-12 horas de uso mixto marca mucha diferencia en este segmento.

Portátil gaming y para uso profesional exigente

Para jugar en serio, trabajar con 3D, CAD/BIM, render o edición de vídeo avanzada, el perfil ideal se acerca mucho a un portátil gaming o una workstation móvil. Estos equipos sacrifican algo de ligereza a cambio de potencia sostenida y sistemas de refrigeración más serios.

En CPU, lo habitual es buscar gamas H o HX de Intel y AMD, o equivalentes de alto rendimiento. 16 GB de RAM es el suelo mínimo en este perfil, y 32 GB se vuelven muy recomendables si vas a abrir proyectos grandes o a usar máquinas virtuales.

Aquí sí es casi obligatorio montar una gráfica dedicada potente: gamas tipo GeForce RTX en sus versiones Laptop o Radeon RX con al menos 6-8 GB de VRAM para jugar en 1080p con buena calidad, subiendo a 12-16 GB de VRAM si apuntas a 1440p, 4K o cargas profesionales de IA y render intensivo.

Las pantallas de 15,6″ o 16″ suelen ser la norma, con resoluciones 1080p o 1440p y tasas de refresco altas (144 Hz, 165 Hz o más) que mejoran la experiencia de juego. En estos portátiles, la autonomía no suele ser su punto fuerte, así que conviene asumir que enchufado es como mejor rinden.

Otros factores que influyen en la experiencia: teclado, diseño y refrigeración

Más allá de las especificaciones puras, hay detalles que muchas fichas técnicas pasan por alto y que, en el día a día, importan (y mucho). El teclado, el trackpad, el sistema de refrigeración y la calidad de construcción pueden marcar la diferencia entre un portátil agradable y uno que te saca de quicio.

El teclado es tu herramienta principal. Conviene revisar que tenga distribución española (con ñ), un recorrido de tecla cómodo y, si puedes, retroiluminación para escribir con poca luz; por ejemplo, puedes consultar un análisis del teclado portátil Logitech Keys To Go. En portátiles grandes, puede venirte bien un teclado numérico dedicado.

La refrigeración es clave, sobre todo en equipos potentes: un diseño pobre implica más calor, más ruido y pérdidas de rendimiento por thermal throttling (la CPU/GPU se ralentiza al calentarse demasiado). Aquí ayuda mucho usar una base refrigeradora con ventiladores, especialmente en portátiles gaming o de altas prestaciones.

También conviene mirar la calidad del chasis: materiales como el aluminio suelen ofrecer más rigidez y sensación de solidez, aunque hay plásticos de buena calidad. Un buen diseño del cuerpo y de las bisagras puede alargar la vida útil del equipo y mejorar la experiencia.

Dónde comprar y en qué marcas confiar

Cuando ya has decidido el tipo de portátil y la configuración, toca elegir dónde comprarlo. La confianza en la tienda es casi tan importante como el modelo en sí, sobre todo de cara a devoluciones, garantías y posibles problemas futuros.

Las tiendas online han evolucionado muchísimo: hoy en día es habitual encontrar precios entre un 10% y un 50% más bajos que en muchas tiendas físicas, con envíos rápidos y buena atención al cliente. Muchas grandes cadenas incluso ofrecen recogida y devolución en tienda física de compras hechas online.

A la hora de elegir comercio, fíjate en las políticas de devolución, las opiniones de otros clientes y el servicio postventa. Una tienda que pone facilidades cuando algo sale mal vale más que ahorrar unos pocos euros en la compra inicial.

Respecto a marcas, casi todos los grandes fabricantes (HP, Lenovo, Dell, ASUS, Acer, Apple, LG, etc.) cuentan con gamas buenas, medias y flojas. Cada marca suele tener un “punto fuerte”: robustez, ligereza, autonomía, diseño, relación calidad‑precio… por eso es recomendable comparar modelos concretos y no quedarse solo con el logo.

Preguntas frecuentes y dudas habituales

Para terminar, merece la pena resolver algunas de las dudas más típicas que aparecen siempre que alguien se plantea comprar portátil nuevo. Son cuestiones recurrentes sobre ampliaciones, baterías, RAM soldada, Wi‑Fi y sistemas operativos que conviene tener claras.

¿Se puede ampliar un portátil (RAM y SSD)?

Depende del modelo. En muchos equipos todavía se puede cambiar el SSD y ampliar la RAM si hay ranuras libres, pero en otros (sobre todo ultraligeros y algunos MacBook) la memoria va soldada a la placa y no se puede modificar después.

Antes de comprar, revisa bien las especificaciones o manuales técnicos: si el portátil no permite ampliar RAM y sabes que a futuro puedes necesitar más, conviene comprarlo ya con margen. El SSD sí suele ser más fácil de reemplazar incluso en modelos finos, pero no es una regla universal.

¿Intel o AMD? ¿Y qué pasa con ARM?

Hoy en día, tanto Intel como AMD ofrecen gamas muy competitivas. Intel suele ir muy fuerte en rendimiento por núcleo y en ecosistema, mientras que AMD ha ganado mucha fama por sus buenos resultados en gaming, multinúcleo y eficiencia en algunas series Ryzen.

La elección entre uno u otro, en la práctica, suele depender más del modelo concreto, la oferta y el diseño del portátil que de la marca. Para un usuario medio, con procesadores equivalentes y de la misma generación, la diferencia real no suele ser dramática.

En paralelo, Windows sobre ARM con chips como los Snapdragon X ha mejorado bastante. Ofrece muy buena batería y buen rendimiento en usos ligeros y moderados, pero todavía hay que revisar bien la compatibilidad de programas y drivers específicos si dependes de software profesional o juegos concretos.

¿Es malo usar el portátil siempre enchufado?

No, con las baterías actuales no hay problema en usarlo enchufado casi todo el tiempo. Cuando la batería llega al 100%, el sistema deja de cargar y pasa a alimentarse directamente del cargador. No se está “sobrecargando” de forma constante.

Si te obsesiona cuidar al máximo la batería, algunos fabricantes incluyen opciones para limitar la carga máxima al 80% o 90%, lo que puede ayudar a alargar un poco su vida útil, especialmente si el portátil pasa casi todo el día en el escritorio enchufado.

¿Qué tamaño de pantalla es mejor para trabajar, estudiar y viajar?

Para moverte mucho con el portátil (viajes, desplazamientos diarios), lo más cómodo suelen ser equipos de 13-14 pulgadas, que caben en casi cualquier mochila y pesan poco. Si vas a estudiar en casa y apenas lo transportarás, una pantalla de 15,6″ puede ser perfecta.

Para uso profesional fijo (oficina o estudio) y tareas de edición, diseño o gaming, las 16-17 pulgadas ofrecen una experiencia más cercana a un sobremesa, aunque conviene asumir que no son lo más cómodo para viajar con ellos todos los días.

¿Merece la pena un Chromebook o es mejor Windows/Linux?

Los Chromebook tienen sentido si tu uso es casi totalmente online: navegar, ofimática en la nube, vídeo, redes y poco más, con la ventaja de un sistema muy sencillo, rápido y económico.

Si sabes que vas a necesitar programas específicos de escritorio, herramientas profesionales o quieres margen para juegos y aplicaciones nativas, un portátil Windows o Linux de gama baja/media suele ser una apuesta más versátil a medio y largo plazo.

Al final, comprar un portátil en condiciones consiste en poner orden entre tantos datos: tener muy claro el uso principal, entender la diferencia entre gamas de procesador, cuánta RAM te va a hacer falta de verdad, qué tipo de gráfica encaja mejor contigo y qué pantalla y batería se ajustan a tu día a día; si a eso le sumas cierto cuidado al elegir tienda y marca, y te fijas en detalles prácticos como el teclado, la refrigeración o los puertos disponibles, es mucho más fácil acabar con un portátil que te acompañe varios años sin darte guerra y que se adapte a tu forma real de trabajar, estudiar, jugar y disfrutar del tiempo frente a la pantalla.

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