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Las muertes más estúpidas

Guardado en Historías, Curiosidades por Javi Moya el 28 de Marzo de 2007

Ojo: Esta semana que ando liado yo no soy el “dueño” de hmmm… lo son algunos de mis amigos lectores, ayudándome con sus historias. La de hoy (‘Las muertes más estúpidas de la historia’) es una entrada original de Etynos, una bitácora ahora parada porque sus dueños andan metidos en otros proyectos. Gracias chicos !

Attila, rey de los Hunos
Uno de los más malvados villanos de la historia, la armada de Atila había conquistado toda Asia en el 450 D.C (desde Mongolia hasta Rusia) destruyendo y robando todo lo que encontraban a su paso.

Cómo murió: De una hemorragia nasal en su noche de bodas. En el 453 D.C, Atila se casó con una joven llamada Ildico. A pesar de su reputación en el campo de batalla, solía comer y beber poco en los grandes banquetes. En su noche de bodas, hizo una excepción comiendo mucho y emborrachándose. En un momento de la noche, su nariz empezó a sangrar pero estaba demasiado borracho para darse cuenta. Se ahogó en su propia sangre y fue encontrado muerto la mañana siguiente.

Tycho Brahe
Un importante astronomo danés del siglo XVI. Su trabajo permitió a Isaac Newton llegar a la teoría de la gravedad.

Cómo murió: No llegó al baño a tiempo. En el siglo XVI, levantarse de la mesa antes de acabar de comer era considerado un insulto. Brahe, conocido por sus excesos con la bebida, tenía problemas de vejiga y en cierta ocasión se olvidó de pasar por el baño antes de sentarse en un banquete. Además, empeoró las cosas bebiendo demasiado, y fue demasiado educado para disculparse. Su vejiga finalmente explotó, matandolo lenta y dolorosamente durante 11 días.

Horace Wells
Pionero en el uso de la anestesia en el siglo XIX.

Cómo murió: Usó anestesia para suicidarse. Mientras experimentaba con varios gases para conseguir anestesia, Wells se convirtió en un adicto al cloroformo y en 1848 fue arrestado por rociar dos prostitutas con acido sulfúrico. En una carta que escribió en prisión, culpó al cloroformo de sus problemas. Cuatro días después fue encontrado muerto en su celda. Se había anestesiado a él mismo con cloroformo y se había abierto el muslo con una cuchilla de afeitar.

Francis Bacon
Una de las personas más influentes del siglo XVI. Político, filósofo, escritor y científico, incluso se rumoreó que había escrito algunas de las obras de Shakespeare.

Cómo murió: Rellenando un pollo de nieve. Una tarde de 1625, Bacon estaba mirando una tormenta de nieve y pensó que la nieve podría conservar la carne como lo hacia la sal. Decidido a probarlo, compró un pollo en una aldea cercana, lo mató, y se quedó fuera de casa para ver como el pollo cubierto de nieve se congelaba. El pollo nunca se congeló pero Francis Bacon pilló una pulmonía que lo llevaría a la muerte.

Jerome Irving Rodale
Fundador del movimiento de alimentos orgánicos y creador de varias revistas del tema.

Cómo murió: En el show de Dick Cavett, mientras discutía los beneficios de los alimentos orgánicos. Rodale, que se jactó de que iba a “vivir hasta los 100 a menos que un loco lo asesinase,” tenía solamente 72 años cuando apareció en el show de Dick Cavett en enero de 1971. Durante la entrevista, cayó muerto de su silla. Causa de la muerte: ataque del corazón. El programa nunca se emitió.

Esquilo
Escritor griego del 500 A.C. Muchos historiadores lo consideran el padre de las tragedias griegas.

Cómo murió: Un aguila dejó caer una tortuga en su cabeza. Según la leyenda, las aguilas cogían las tortugas y las abrían tirandolas contra las rocas. Una aguila confundió la cabeza de Esquilo con una piedra (era calvo) y le lanzó una tortuga.

Jim Fixx
Autor del best-seller “Complete Book of Running” que inició la locura por el “footing” en los años 70.

Cómo murió: Un ataque del corazón mietras corría. Fixx visitaba Greensboro, Vermont cuando salió fuera de su casa y empezó a hacer “footing”. Había recorrido muy poca distancia cuando tuvo un ataque. Su autopsia reveló que una de sus arterias coronarias estaba el 99% obstruída, otra el 80% y una tercera el 70% bloqueada, y que Fixx había tenido otros tres ataques en las semanas anteriores de su muerte.

Jean-Baptiste Lully
Compositor francés de origen italiano, Lully dominó toda la vida musical en Francia en la época del Rey Sol.

Cómo murió: Murió por una gangrena en París, en 1687, a consecuencia de una herida que se hizo en el pie con su bastón de director de orquesta, una pesada barra de hierro que servía para llevar el compás golpeando el suelo con ella. La fama de Lully se debe principalmente a su contribución a la música religiosa y escénica.

Julien Offray de la Mettrie
Físico y filósofo francés, uno de los primeros materialistas de la ilustración.

Cómo murió: Casanova relata en sus memorias que el médico filósofo muere de indigestión al comerse entero, a continuación de una copiosa cena, un paté de faisán con trufas, comida preparada por el cocinero del Rey en base a una cubierta de masa hojaldrada rellena de la carne picada del ave con un núcleo de trufas negras.

Joseph Fourier
Matemático y físico francés, conocido por iniciar la investigación de las series Fourier y su aplicación.

Cómo murió: Sus desarrollos de funciones como series (llamadas de Fourier en su nombre) vienen de su principal obra, “teoría analítica del calor”. Y fue precisamente el calor lo que lo mató. Según contaba un profesor de matemáticas bastante solvente era muy friolero y murió axfisiado por una mala combustión de su calefacción en París por ponerla demasiado fuerte.

Harry Houdini
Mago e ilusionista de origen húngaro.

Cómo murió: Retó a un universitario jugador de rudby a que le diera puñetazos en el abdomen en una noche de pubs y cervezas, argumentando que sabía controlar su cuerpo y que no sentiría dolor. Pero tenía principio de apendicitis y murió de una hemorragia al reventarle la apendice.

Antoni Gaudí
Máximo exponente de la arquitectura modernista catalana.

Cómo murió: Murió trágicamente, a los 74 años de edad, por las graves heridas que sufrió al ser arrollado por un tranvía cuando cruzaba la calle.

La Isla de las Flores

Guardado en Historías, Vídeos por Javi Moya el 18 de Marzo de 2007

Este no es un Film de ficción
Existe un lugar llamado Isla de Flores
Dios no existe

Trece minutos que dan lugar a mucho que pensar (un mundo).

Para todo aquel que entienda por qué al principio pone “Deus não existe”, para el que no se quede indiferente, y para los demás también.

(Gracias Matias!)
(ver en you tube)

Mobbing Inmobiliario… extremo !

Guardado en Historías, Insólito por Javi Moya el 13 de Marzo de 2007

El “blockbusting” (acoso inmobiliario) es, por desgracia, demasiado frecuente en España. Sucede cuando los dueños de una vivienda o edificio tratan de hacer la vida imposible a sus inquilinos, con el objetivo de que al final se cansen y la abandonen. Se suele utilizar, por ejemplo, con inquilinos de rentas antiguas (alquiler), o con aspiraciones especuladoras (vender a precio de oro, derribar y crear nuevas viviendas, etc). De los casos que se han dado en la piel de toro a mi me resultó bastante “ingeniosa” la idea de un propietario de Bilbao, que para ahuyentar a sus vecinos de piso no se le ocurrió otra que ceder su vivienda a una familia gitana… formada por 30 miembros.

Mobbing Inmobiliario Extremo

Lo anterior no es nada comparado con esta pequeña historia de mobbing ocurrida en China. Promotores inmobiliarios han convertido una casa en una isla, después de que su propietario se negara a marcharse. Todo comienza cuando una inmobiliaria de la ciudad de Chongqing adquiere una serie de viviendas, que derriban con la idea de hacer en ese terreno una serie de nuevos apartamentos y un centro comercial. Pero uno de los propietarios opta por no vender, y ahora se encuentra con la sorpresa: Todo el terreno que rodea su casa ha sido excavado y lo han dejado en mitad de la nada. Eso es meter un “poquito” de presión, ¿eh?. El valiente dueño pide casi 2 millones de euros por abandonarla o, tal y como afirma, “se quedará allí hasta el fin del mundo”. Al final me veo la casa en mitad del centro comercial… ya verán.

[ Noticia: Ananova ]

La histeria y los vibradores

Guardado en Historías, Curiosidades por Javi Moya el 29 de Enero de 2007

Ojo: Esta semana que ando liado yo no soy el “dueño” de hmmm… lo son algunos de mis amigos blogueros, ayudándome con sus historias. La de hoy (‘ Buenas vibraciones’) es una entrada original de Fogonazos, una bitácora que ha alcanzado una altísima (y merecidísima) popularidad en la blogocosa, gracias a su buen hacer. Yo me enorgullesco de haberla recomendado en multitud de ocasiones. Gracias !

Hacia el año 1880, cansado de masturbar manualmente a sus pacientes, el doctor Joseph Mortimer Granville patenta el primer vibrador electromecánico con forma fálica. Durante el siglo XIX, el masaje de clítoris es considerado el único tratamiento adecuado contra la histeria, de manera que cientos de mujeres acuden cada día a su médico para que les masajee la zona y les induzca a un “paroxismo histérico”, hoy conocido como orgasmo.

La histeria, supuesta enfermedad que los griegos habían descrito el “útero ardiente”, se convierte en una especie de plaga entre las mujeres de la época. Cualquier comportamiento extraño – ansiedad, irritabilidad, fantasías sexuales – es considerado como un claro síntoma y la paciente es enviada inmediatamente a recibir un masaje relajante. A finales del XIX la cantidad de mujeres que acuden a la consulta es tal, que a los médicos se les acaba por cansar la mano y empiezan a inventar todo tipo de artefactos que les ahorren el trabajo.

La variedad de vibradores de aquella época es abrumadora, muchos modelos funcionan con corriente eléctrica, otros lo hacen con baterías o gas, incluso se diseñan algunos que funcionan a pedales ((hay que imaginarse al médico pedaleando como Marco Pantani para proporcionarle a su paciente su correspondiente ración de alivio histérico)). Los aparatos tienen velocidades que van desde 1.000 a 7.000 pulsaciones por minuto y los precios pronto empiezan a ser asequibles para su uso doméstico. Modelos como el “Barker Universal”, el “Gyro-Lator” o la “Miracle Ball” comienzan a comercializarse a través de los periódicos de tirada nacional. “La vibración es la vida” – rezan algunos anuncios – “Porque tú, mujer, tienes derecho a no estar enferma”.

En muchos catálogos femeninos el vibrador se publicita como “instrumento para la tensión y la ansiedad femenina”. Su uso se promociona como una forma de mantener a las mujeres relajadas y contentas. “La vibración proporciona vida y vigor, fuerza y belleza” – dicen los anuncios – “El secreto de la juventud se ha descubierto en la vibración”. Su comercialización llega a tal extremo que algunos modelos incluyen un recambio adaptable que convierte el vibrador en una batidora.

Pese a lo que nos pueda parecer hoy, en aquellos años la aplicación del vibrador sobre el clítoris es tenida por una práctica exclusivamente médica. En la concepción androcéntrica de la época, al no haber contacto con el interior de la vagina, se considera que no hay contacto sexual. Los problemas y los tabúes empiezan más tarde, a partir de 1920, cuando los vibradores aparecen en las primeras películas pornográficas. A partir de ese momento, el vibrador empieza a perder su imagen de instrumento médico y a adquirir connotaciones negativas, hasta quedarse con el carácter algo turbio que tiene en nuestros días.

Más: 1, 2 y 3 - Gracias byfronte !

Abigail y Brittany Hensel: La chica de dos cabezas

Guardado en Historías, Insólito por Javi Moya el 26 de Enero de 2007


Abigail y Brittany Hensel son dos gemelas siamesas que nacieron el 7 de marzo 1990 en un pueblecito de Estados Unidos. Ambas son fruto de un mismo óvulo que por alguna extraña razón no llegó a dividirse, lo que habría dado lugar a mellizas idénticas. De cada 50.000 gemelos se da el caso de un niño que nace unido por alguna parte del cuerpo a su hermano (siameses), y de éstos, hasta la fecha, sólo 500 han sobrevivido al primer año. El caso de Abby y Britty es uno de los menos frecuentes, ya que además son gemelas bicéfalas. En toda la historia de la medicina sólo se han registrado cuatro casos de gemelos con un sólo tronco y un par de piernas.

Cada una de las hermanas Hensel tiene su propio corazón y estómago, si bien comparten tres pulmones. La columna dorsal de ambas se une a la altura de la pelvis, de modo que de la cintura para abajo son una sola persona. Cada una tiene sensibilidad y control de sus extremidades y la parte del torso que le corresponde: si se les hace cosquillas en el lado derecho sólo se ríe Abby. A los 4 meses de vida les extirparon un tercer brazo deforme (que se encontraba entre sus dos cabezas). Por lo demás tienen 2 pechos, un sólo sistema circulatorio (si toman medicamentos les afecta a ambas), un hígado, dos estómagos, tres riñones y un único sistema reproductivo.

Gracias a su esfuerzo han aprendido a coordinarse, pudiendo en la actualidad caminar y correr con normalidad. A sus 17 años disfrutan de lo mismo que el resto de chicas adolescentes de su edad (volleyball, natación, montar en bici, cantar, ir de compras, tocar el piano, chatear por el messenger…), e incluso se han sacado el carnet de conducir (tuvieron que hacer 2 exámenes, uno por cada gemela). En el coche ambas manejan el volante, y mientras Abby (la situada a la derecha) controla los pedales y la caja de cambios, Britanny se preocupa de los intermitentes. A pesar de compartir un mismo cuerpo las gemelas tienen diferentes gustos en comida y ropa… teniendo que negociar cada día que se van a poner (en la mesa habitualmente cada una recibe un plato diferente). También sus habilidades y personalidad difieren: a Abby le gustan las matemáticas y es extrovertida, mientras que a Brittany le atrae la lectura y el arte, siendo más introvertida.

Desde que nacieron los especialistas no se ponen de acuerdo sobre la viabilidad de una intervención para separarlas. Sin embargo los padres tardaron poco en rechazarla, debido a que ambas comparten demasiados órganos vitales, lo que la convertía en una intervención de muy alto riesgo (y en el mejor de los casos se quedarían inválidas, ya que ninguna de las gemelas saldría de la operación con suficiente masa corporal para emplear piernas artificiales). Por ahora las gemelas Hensel están de acuerdo con sus padres y desean seguir viviendo unidas. Pero si en el futuro cambiasen de parecer, quizá sería demasiado tarde. No se conocen casos de gemelos unidos que hayan podido separarse después de la infancia.

[ Relacionado: Eternamente niña ]
[ Fuentes: El Mundo | Wikipedia | NoSeas | Web en alemán ]
[ Un millón de gracias a Carmen por pasarme la historia ! ]

Nosotros también fuimos inmigrantes

Guardado en Actualidad, Historías por Javi Moya el 16 de Octubre de 2006

Un velero destartalado ha llegado a la costa con 106 inmigrantes irregulares a bordo. Los sin papeles detenidos, entre los que había diez mujeres y una niña de cuatro años, se hallaban en condiciones lamentables: famélicos, sucios y con las ropas hechas jirones. La bodega del barco, que sólo mide 19 metros de eslora, parecía un vomitorio y despedía un hedor insoportable.

Vomitaban unos sobre otros y pronto se llenaron de piojos. El ácido de los vómitos y el salitre del mar desgastaron sus ropas, que se convirtieron en harapos. Con aquellos jirones, las mujeres hicieron compresas cuando se les presentó la regla. La Elvira hedía como una cloaca.

Ésta podría ser una historia de hoy. Pero la noticia se produjo el 25 de mayo de 1949, los emigrantes eran españoles y el puerto al que habían arribado, venezolano. El suceso fue publicado en la primera página del diario Agencia Comercial. No fue algo aislado. Otros tuvieron menos suerte. Ay! que fácil olvidamos.

[ Vía Zifra > adolfow ]
[ Relacionado: Lo que piensan los españoles de los inmigrantes ]

La Historia del Elvira

Cuando aquellas 106 personas desembarcaron en Latinoamérica, España estaba hundida en la miseria y machacada por la represión franquista, mientras que Venezuela era una nación emergente. Aunque la diferencia entre ambos estados era menor de la que hoy existe, por ejemplo, entre Nigeria y nuestro país, los españoles experimentaban el mismo efecto salida que empuja a los inmigrantes subsaharianos que llegan a las islas.

La historia comenzó el Sábado de Gloria de 1949. Un centenar de personas se deslizaron por el muelle de Las Palmas y embarcaron en varias falúas. La mayoría eran campesinos de Gran Canaria que ganaban 20 pesetas por trabajar de sol a sol y que habían tenido que vender sus cabras para pagar las 4.000 pesetas del billete, una pequeña fortuna para la época. En el pasaje también había 15 tinerfeños, 10 palmeros, cinco cubanos hijos de isleños y 15 peninsulares de Murcia, Madrid, Almería, León, Cúrense, Asturias, Cuenca, Cádiz, Navarra y Baleares, un canario nacido en Filadelfia (EE UU) y una española venida al mundo en Auxerre (Francia).

Durante varios días habían permanecido ocultos en casas particulares. Juan Azcona, uno de los organizadores del viaje, ha declarado que alojó en su vivienda a más de 20. Si le hubieran aplicado la actual Ley de Extranjería habría pasado una buena temporada a la sombra por tráfico de personas. De ese mismo delito habría podido ser acusado Ramón Redondo, que un mes antes había pagado 250.000 pesetas por una goleta llamada La Elvira, que durante 96 años había sido dedicada a la pesca en las costas de África. Redondo pensaba amortizar la compra con el precio de los pasajes y con la venta del lastre de sal que llevaba el barco.

Las falúas pusieron proa hacia la península de Jandía, al sur de Fuerteventura, donde les esperaba La Elvira. Los pasajeros acababan de abordarla cuando oyeron dos tiros y vieron acercarse vertiginosamente la lucecita verde de una patrullera. Huían con todas las velas desplegadas, pero la lancha ganaba terreno. “¡Deténganse en nombre de España!”, ordenó la Guardia Civil por el altavoz. Los agentes se colocaron en paralelo a la goleta: “¡Entréguense!”, volvieron a ordenar. “¡Que se entregue tu madre!”, les respondió una voz en la oscuridad. Un golpe de viento feliz lanzó al velero hasta aguas internacionales.

La Elvira tardó 36 días en cruzar el Atlántico, empujada por los alisios. Durante ese tiempo sus pasajeros se alimentaron de patatas podridas, garbanzos con gorgojos y gofio picado. El agua estaba racionada.

Gonzalo Morales, que escribió un libro sobre la historia, Fugados en velero, cuenta que pasaban casi todo el día en la bodega, donde sólo cabían tumbados y apretados como sardinas en lata. “No podíamos ni darnos la vuelta”, ha declarado Paco Azcona. Hacían sus necesidades tras unos tablones. Vomitaban unos sobre otros y pronto se llenaron de piojos. El ácido de los vómitos y el salitre del mar desgastaron sus ropas, que se convirtieron en harapos. Con aquellos jirones, las mujeres hicieron compresas cuando se les presentó la regla. La Elvira hedía como una cloaca.

Antonio Domínguez, apodado El Puro por su afición al tabaco, era el capitán costero encargado de sacar el barco de las islas. Luego debía pasarle el mando a Antonio Cruz Elórtegui, capitán de altura. Pero Elórtegui había mentido: “Soy un perseguido político vasco. No tengo dinero y presentarme como capitán era la única forma de embarcar”, confesó. Intentaron lincharlo, pero el armador, el costero y los cinco marineros lo evitaron. “Tenemos que volver a Canarias”, anunció El Puro al ver que carecían de capitán. Pero un pasajero llamado Regino Camacho, que antes de la guerra civil había sido acusado de asesinato, armó un motín y, pistola en mano, le persuadió de que se hiciera cargo de la nave. No era Camacho el único homicida que viajaba en el barco, ni el suyo el único revólver a bordo. Al final de la travesía las autoridades venezolanas intervinieron tres armas de fuego en La Elvira.

El Puro navegó contra la salida del sol. Sólo se auxiliaba con el cronómetro de Ramón Redondo, el armador, que le permitía calcular cómo se reducía la diferencia horaria entre Canarias y Venezuela. En el medio del Atlántico un huracán rompió el timón y estuvo a punto de enviarlos a pique. Al amanecer del 22 de mayo, tras 36 días de viaje, alcanzaron el puerto de Carúpano, en Venezuela.

Antes de fallecer, Ramón Redondo, el armador, dejó escrito el final de la aventura: “Fuimos remolcados hasta La Guaira por una lancha de la Guardia Nacional. Las autoridades nos reseñaron como inmigrantes voluntarios. Luego nos trasladaron hasta un centro de inmigración de Caracas. De ahí nos llevaron al estado de Yaracuy, a un central azucarero llamado Matilde, donde estuvimos limpiando surcos y abonando los cañaverales. Después de un mes viajé en autobús hasta Caracas, donde viví en una pensión y limpié coches por la noche. Me enteré de que habían trasladado La Elvira hasta Puerto Cabello. Allí me fui. Unos pescadores me acercaron hasta ella y me dejaron solo. Lo encontré todo tan desmantelado que me dieron ganas de llorar. Subí por las jarcias hasta lo alto del mástil y rescaté la bandera española que habían hecho las mujeres con trozos de tela (…). Regresé a Caracas y, después de muchos contratiempos, organicé mi vida, me casé con Aura Vera y tuve cuatro hijos”.

El año pasado, Ramón Redondo quiso volver a Tenerife con su familia. Llegó herido de muerte. No había tenido tiempo de poner su documentación en regla, y lo rechazaban en el hospital. Falleció en febrero. La Administración ha informado a su esposa de que, dado que no convivieron un año en España, no tiene derecho a la pensión de viudedad. “¡Pero si llevamos casados 52 años!”, ha protestado ella. Le han respondido que la ley protege al Estado de los matrimonios de conveniencia

TOMÁS BÁRBULO – Tenerife. EL PAÍS – España – 16-07-2001

Una fotografía y su historia

Guardado en Historías por Javi Moya el 14 de Julio de 2006

En 1994, el genial fotógrafo documentalista sudanés Kevin Carter ganó el premio Pulitzer de fotoperiodismo con una fotografía tomada en la región de Ayod (una pequeña aldea en Sudan), que recorrió el mundo entero. En la imagen puede verse la figura esquelética de una pequeña niña, totalmente desnutrida, recostándose sobre la tierra, agotada por el hambre, y a punto de morir, mientras que en un segundo plano, la figura negra expectante de un buitre se encuentra acechando y esperando el momento preciso de la muerte de la niña.

Al recibir el premio, Carter declaró que aborrecía esa fotografía:

“Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.

Cuatro meses después, abrumado por la culpa y conducido por una fuerte dependencia a las drogas, Kevin Carter se quitó la vida.

[ Vía Efremigio > Jasp > El Mundo de Luisma | Fuente ]

Todos los días mueren en el mundo 12 mil niños. Uno cada siete segundos. Y hablamos sólo del hambre. Y hablamos sólo de la infancia. Y no es noticia. Y a nadie le abruma la culpa.

El efecto placebo y nocebo

Guardado en Historías, Curiosidades, Ciencia por Javi Moya el 11 de Julio de 2006

La historia de Wright, en Long Beach, California, es conocida por muchos médicos: Diagnosticado de un cáncer en 1957, le pronosticaron sólo unos días de vida. Se enteró de que un suero de caballo, el ‘krebiozen’, podía ser eficaz contra el cáncer; y su médico, puesto que lo daba por desahuciado, accedió a ponérselo. Tres días después, fuera ya de su ‘lecho de muerte’, bromeaba con las enfermeras, y los médicos constataban que los tumores “se habían fundido como bolas de nieve”. Cuando dos meses después, Wright leyó unos informes que calificaban al suero como un remedio de curandero, sufrió una inmediata recaída. Su médico le dijo entonces: “No crea lo que lea en los periódicos”, y le inyectó agua diciéndole que era una versión “doblemente eficaz del krebiozen”; y una vez más el tumor se fundió. Wright fue “la viva imagen de la salud” durante dos meses más, hasta que leyó un informe definitivo en el que se decía que el ‘krebiozen’ era inútil: murió entonces dos días después.

¿Qué es el efecto placebo? Consiste en la mejoría de la salud que ocurre por el mero hecho de creer que el fármaco (o las agujas clavadas) mejorarán nuestra salud. El efecto placebo es de una gran magnitud. Por ejemplo, si a un paciente con asma le das un placebo durante unas semanas (por ejemplo una pastilla de glucosa o un inhalador que solo tiene agua), su función pulmonar mejorará hasta un 15%. Y no hablamos de “sensación subjetiva de respirar mejor”. No. Hablamos de su función pulmonar REAL, medida con un espirómetro (una máquina que mide la velocidad con la que el aire entra y sale de los pulmones). Si le das un tratamiento realmente efectivo, su función pulmonar mejorará un 40%. Pero de ese 40% el 15% (casi la mitad) será por el efecto placebo.

La ciencia aún no ha podido explicar las causas del efecto placebo, lo cual no quita para que lo reconozca como algo que existe y lo tenga en cuenta en cualquier investigación. Lo que se pide a muchas de las autodenominadas “medicinas alternativas” es que demuestren que son superiores al placebo, cosa que aún no han demostrado por cierto.

Por otro lado existe el llamado efecto nocebo. Este efecto también está identificado, y ocurre cuando a un paciente se le dice que tal o cual fármaco va a producirle tal o cual efecto secundario. Así, si a un paciente se le dice que determinada medicina puede producir ardor de estómago es más probable que le de ardor de estómago que si no se lo dices. Si creemos que una acción o sustancia nos va a dañar, lo pasaremos bastante peor que si no tenemos esta creencia. Los médicos y familiares de pacientes temerosos e ‘hipocondríacos’ saben que a estos no les conviene leer los prospectos de los medicamentos, pues, por sugestión, probablemente irán padeciendo algo de lo que lean.

Diez años atrás los investigadores descubrieron algo sorprendente: Las mujeres que se creían propensas a padecer del corazón al final acababan muriendo de alguna enfermedad cardiaca en una proporción cuatro veces superior al de otras mujeres, que con factores de riesgo similares, no tenían esos pensamientos tan fatalistas. En otras palabras: el mayor riesgo de muerte no era ni la edad, ni el colesterol, ni el peso… sino la creencia de sufrir la enfermedad. Si crees que estás enfermo acabarás estándolo.

¿Se han preguntado alguna vez por qué los médicos escriben tan mal? Quizá para evitar el efecto nocebo… Se le ha atribuido a la pésima caligrafía de los médicos perseguir como objetivo la encriptación de información entre profesionales cuando la comunicación es transportada por el paciente. Con está grafía, los médicos aparentemente podrían intercambiar mensajes y consultas sobre tópicos de alta sensibilidad para el paciente sin producirle alarma. El problema es que esa misma escritura deforme es la responsable de recurrentes errores de interpretación, lo que ha provocado que en EEUU una nueva ley obligue a los médicos a utilizar letra de imprenta en sus recetas. En adelante, la letra cursiva pasa a ser ilegal para realizar prescripciones médicas.

[ Fuentes: Almanaque | Cocido madrileño con gofio | Mirá! | WashingtonPost ]

Gente Azul

Guardado en Historías, Curiosidades, Insólito por Javi Moya el 11 de Julio de 2006

¿La familia que inspiró a los Pitufos?

Los Fugate azules no son una raza, sino una familia que habita en los montes Apalaches, en Estados Unidos. El patriarca de este clan era Martin Fugate, que se estableció en Troublesome Creek, Kentucky, alrededor del año 1800. Martin era portador de una rara enfermedad genética, llamada methemoglobinemia.

La methemoglobinemia es la deficiencia de una enzima, que hace que la sangre tenga una capacidad reducida para transportar oxígeno. Como consecuencia, la sangre es bastante oscura, casi parda, en lugar de rojo brillante. En la piel, esta enfermedad se manifiesta como una coloración azulada anormal de la piel. Aparte de esto, la methemoglobinemia no amenaza la salud.

La methemoglobinemia es hereditaria, causada por un gen recesivo. Esto quiere decir que cuando una persona que la padece se une a alguien que no la lleva en sus genes, los hijos probablemente no la padecerán. Además, se puede ser portador de este gen sin que se produzca la enfermedad. Sin embargo, si ambos padres son portadores de este gen, hay una buena probabilidad de que sus hijos manifiesten la enfermedad.

En una sorprendente coincidencia Martin fue a casarse con Elizabeth Smith, la cual también era portadora de esta singular enfermedad. El bizarro resultado fue que cuatro de los siete hijos de la pareja nacieron con una brillante piel azul. Viviendo en un aislamiento casi total, los Fugate se casaban con frecuencia entre primos, haciendo que la gente azul proliferara en la zona. Seis generaciones después aún quedaban Fugates azules en Kentucky.

En 1960 un médico llamado Madison Cawein oyó hablar de los Fugate. Interesado, consiguió localizarlos y estudiar su caso. Además, también podía ofrecerles una cura temporal, el methylene azul, que remplazaba por un tiempo la enzima faltante en la sangre. Pocos minutos después de administrar una dosis, los Fugate azules lograban recobrar, por un tiempo, un color normal.

[ Fuentes: Kircher Society | Gente Azul ]

Otra enfermedad (más común) que provoca el cambio de color de la piel es la Argiria. Los que la sufren parecen auténticos muertos vivientes… que se lo digan a este senador norteamericano.

Rinoplastías en el siglo XVI

Guardado en Historías, Curiosidades, Ciencia por Javi Moya el 30 de Junio de 2006

En 1597, Gaspare Tagliacozzi (1545-1599), ciudadano de Bolonia, profesor de anatomía, médico y cirujano distinguido, publica la primera edición de su libro “De Curtorum Chirurgia Per Insitionem” (Cirugía de la Mutilación y del Injerto). Este libro, producto característico de las inquietudes intelectuales del Renacimiento, representó un adelanto en los conceptos técnicos y filosóficos de su época.

Al parecer, la desfiguración nasal era frecuente como consecuencia de la sífilis y las mutilaciones consecutivas a causa de las guerras y camorras. Se comprende con claridad el horror que producían las mutilaciones faciales ocasionados por las armas en un tiempo de inusitada violencia. La desfiguración traía como consecuencia la marginación en un mundo donde las oportunidades de distracción y esparcimiento estaban limitadas casi únicamente a las funciones públicas civiles y religiosas.

Apoyándose en las excelentes ilustraciones el método consistía en utilizar un sistema de arneses (fabricados a medida por un sastre) que asegurarían parte del antebrazo a permanecer inmóvil durante todo el proceso. Así la lenta y tediosa regeneración de los tejidos haría que una suave capa de “piel” creciera al rededor del tejido perdido. El proceso completo tomaba entre tres y cinco meses.

Toda la operación de reconstrucción estaba basado en observaciones botánicas de los injertos vegetales. Tagliacozzi acepta que puede hacerse el trasplante de una persona a otra, pero lo descarta debido a los problemas prácticos de mantener a dos individuos unidos e inmovilizados por varias semanas.

Atacado por los teólogos de su tiempo que atribuían sus éxitos a la gracia del diablo, este personaje fue perseguido y muerto por la inquisición italiana al creer que esas técnicas eran contrarias a la ley de Dios. Su método de reconstrucción nasal sigue utilizándose hasta la fecha.

[ Historia de la Cirugía Plástica via Anfrix ]

La madre más joven de la historia

Guardado en Historías, Curiosidades por Javi Moya el 18 de Mayo de 2006

Pocos días atrás comentábamos la noticia de la niña de 11 años que había quedado embarazada en el Reino Unido. Esto me hizo recordar la increíble historia de Lina Medina, la madre más joven de la historia. He ido recopilado fragmentos de su vida en diversas webs [ Wikipedia, El nuevo diario, Juventud rebelde ], para componer con ellos el siguiente relato.

La vida de Lina Medina

Lina Medina no había cumplido cinco años de edad cuando los brujos del villorrio donde vivía —Antacancha, 450 kilómetros al este de Lima, la capital de Perú—, comenzaron a alarmarse: ¿Qué le estaba ocurriendo a aquella niña cuyo vientre no dejaba de crecer?

Mientras la pequeña le hacía mimos a su raída muñeca de trapo, uno de los shamanes fijó su mirada en el cielo, «estableció» comunicación con el más allá y, minutos después, hablaron por su boca los inefables dioses de Los Andes: «Lina tiene una culebra dentro de la barriga —masculló—. Hay que sacársela».

En medio de liturgias y aspavientos, sometió a la niña a varios de los ritos incas usuales en la cordillera sudamericana. Pero —¡ay!—, ninguno de los procederes funcionó. Cuando finalmente no quedó nada «divino» por hacer, Tiburcio se echó a su hija a cuestas y caminó durante dos jornadas en busca de un médico de verdad.

Al llegar al hospital de la ciudad de Pisco, distante 70 kilómetros de Antacancha, el doctor Gerardo Lozada (que aparece en la fotografía) se hizo cargo de los exámenes preliminares de Lina. La dimensión de su vientre fue lo que más le llamó la atención. «Puede que sea un fibroma», especuló, suspicaz.

Pero, luego de evaluar una, dos, tres, diez…, ¡cien veces! las pruebas clínicas de la cincoañera con el rigor exigido por las circunstancias, llegó a una conclusión que lo anonadó como médico y como persona. «¡No es un tumor, es un bebé de ocho meses lo que la niña lleva en su vientre!», le gritó al padre.

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Catalina la Grande y los caballos

Guardado en Historías, Sexualidad por Javi Moya el 3 de Mayo de 2006

Para que luego se quejen que en hmmm no hay cabida para la cultura y la historia… hoy algo que seguro no les enseñaron en la escuela:

En lugar de a su marido, el desmedrado zar Pedro III, Catalina la Grande, zarina de Rusia, prefería la rotunda satisfacción que le brindaba su caballo. […] Quedan dos testimonios tangibles del apetito desmesurado de Catalina la Grande. Una carta obscena que ella le envió a Voltaire, su confidente y amigo, y el hermoso mueble de caoba nicaragüense, elaborado en estilo rococó, donde ella se acomodaba y esperaba la inmensidad del placer.

Dicho mueble pertenece hoy a Fantasy Furniture, la colección exquisita del corredor de arte Bruce M. Newman, establecido en Nueva York. En la carta obscena que le escribió a Voltaire, acaso para excitarlo, Catalina la Grande dice: “Yo lo espero como a un amante, dándole la cara y la ternura de mis ojos. El acerca a mi pecho su enorme cabeza de animal noble”.

Finalmente la lujuriosa zarina murió aplastada mientras intentaba hacer el amor con un semental.

[ Fuente: Mi reino por un caballo | Sexoteric ]

Por supuesto esta historia es completamente falsa: Catalina murió por un ataque de apoplejía en su cama a los 67 años. Lo divertido es que este rumor ha sobrevivido 200 años. Los enemigos de la zarina fueron quienes lo impulsaron, en el momento de su muerte, aprovechando su pública fama de promiscua, y su conocida afición de visitar los establos, no por los caballos, sino por los miembros de la caballería real. De hecho, y esto si es cierto, la ansiosa emperatriz requería los favores de sus amantes por lo menos seis veces al día. Se calcula que tenía unos 21 amantes.

Ríete tu ahora de la leyenda del perro, la joven, la mermelada (o Nocilla según la versión) y Ricky Martin en Sorpresa, Sorpresa (por cierto… ese rumor, por si no lo sabían, se elucubró y lanzó desde el IRC-Hispano… ¿alguien recuerda a Scytale?).

Parirás con dolor… testicular

Guardado en Historías, Curiosidades, Insólito por Javi Moya el 15 de Marzo de 2006

Este tipo de historias no habría que difundirlas, no vaya a ser que alguna feminista exacerbada las lea y, subiéndose al carro de la manida paridad, las intente importar e imponer.


Pintura sobre madera huichol

El acto de parir, ya se trate de un hijo, una idea o una obra de arte, va siempre acompañado de dolor. Los indios huicholes piensan que la pareja de la mujer debe compartir el dolor y el placer de dar a luz: por eso, mientras ella está de parto, el marido se sienta en las vigas situadas sobre su cabeza con una cuerda atada a los testículos. Cada vez que tiene una contracción, la parturienta tira de la cuerda. Al final, el marido siente tanta alegría por el nacimiento del niño como la mujer ¡O incluso más! Esta costumbre de compartir los dolores del parto, en la que el hombre mantiene una actitud simpática de empollamiento ante la llegada del hijo, está extendida entre muchos nativos.

ADELE GELTY, La diosa. Madre de la naturaleza viviente, Madrid, 1996, p. 68.

Dios mío ! Que esto sea un hoax ! ¿Son concientes de los irreparables daños que una mujer parturienta puede causar en esa zona tan sensible de la anatomía masculina al tirar de una cuerda -con la descomunal fuerza que desarrollan en ese momento-? El sufrimiento de “los primerizos” debe ser antológico (supongo que la segunda vez ya no notas casi nada) ! Bueno… ya sabemos quienes inventaron el coitus interruptus: los varones huicholes (por su propia supervivencia). Mientras palpo que todo esté en su sitio, y repitiendo a Quattermain, hoy más que nunca me alegro de haber nacido en España… por muy simpática que le parezca a la autora de este texto el empollamiento ese.

[ Visto en El pito doble ]

El experimento de Milgram, ¿sería usted capaz de asesinar?

Guardado en Historías, Ciencia por Javi Moya el 13 de Marzo de 2006

¿Podría una persona normal llegar a torturar o asesinar a alguien sólo por obedecer? ¿Qué porcentaje de hombres lo harían? ¿Y usted, acataría esa terrible orden?

Cuando, a finales de los años sesenta, Adolf Eichmann fue juzgado por los crímenes contra la humanidad cometidos durante el régimen nazi, el mundo entero se preguntó cómo era posible que alguien llegara a cometer semejantes atrocidades a millones de personas inocentes. Muchos pensaron que Eichmann tenía que ser un loco o un sádico y que no era posible que fuese como el resto de las personas normales que caminan junto a nosotros cada día por las calles. Sin embargo, nada hacía pensar que Eichmann fuese distinto a los demás. Parecía ser un hombre completamente normal e incluso aburrido. Un padre de familia que había vivido una vida corriente y que afirmaba no tener nada en contra de los judíos. Cada vez que le preguntaban por el motivo de su comportamiento, él respondía con la misma frase: “cumplía órdenes”.

A raíz de esto, un psicólogo norteamericano llamado Stanley Milgram empezó a hacerse preguntas acerca de la obediencia a la autoridad y a plantearse si cualquiera de nosotros seríamos capaces de llegar a la tortura y el asesinato sólo por cumplir órdenes. Él pensaba que la respuesta a esta pregunta sería un rotundo no.

El Experimento

A través de anuncios en un periódico Milgram seleccionó a un grupo de 1000 hombres de todo tipo de entre 25 y 50 años de edad a quienes pagaron cuatro dólares y una dieta por desplazamiento por participar en un estudio sobre “la memoria y el aprendizaje”. Estas personas no sabían que en realidad iban a participar en una investigación sobre la obediencia.

Cuando cada participante llegaba al impresionante laboratorio se encontraba con un experimentador (un hombre con una bata blanca) y un compañero que, como él, iba a participar en la investigación.

Uno era designado para hacer de “maestro” y al otro le correspondía el papel de “alumno”. La tarea del maestro consistía en leer pares de palabras que el alumno debería ser capaz de repetir. Si fallaba, el maestro tendría que darle una descarga eléctrica como una forma de reforzar el aprendizaje. El experimentador les explica que las descargas podían ser extremadamente dolorosas y antes de comenzar les aplica a ambos una de 45 voltios para “probar el equipo”, lo cual permitía al maestro comprobar la medianamente desagradable sensación a la que sería sometido el alumno.

El experimento comienza. Los errores iniciales son castigados con descargas leves que van en aumento. A partir de los 120 voltios el alumno grita diciendo que las descargas son dolorosas. A los 135 aúlla de dolor. A los 150 anuncia que se niega a continuar. A los 180 grita diciendo que no puede soportarlo. A los 270 su grito es de agonía, y a partir de los 300 voltios está con estertores y ya no responde a las preguntas. Cada vez que el maestro intenta detenerse el experimentador le dice impasible: “Por favor, continúe”. Si sigue dudando utiliza la siguiente frase: “El experimento requiere que continúe”. Después: “Es absolutamente esencial que continúe” y por último: “No tiene elección. Debe continuar”. Si después de esta frase se seguía negando, el experimento se suspendía.

En realidad el alumno era siempre un cómplice (un actor) del experimentador que no recibía descarga alguna y que fallaba las preguntas a propósito. Lo que el ingenuo maestro escuchaba era una grabación con gemidos y gritos de dolor que era la misma para todo el grupo experimental, y que el actor gesticulaba. Sin embargo estas personas no sabían nada del engaño hasta el final de experimento. Para ellos los angustiosos gritos de dolor eran reales.

Estudios previos al experimento habían predicho un promedio de descarga máxima de 130 voltios y una obediencia del 0%. Pero los datos obtenidos sorprendieron a todos: el 62′5 % de los sujetos obedeció hasta el final, llegando a los 450 voltios, incluso aunque después de los 300 el alumno no daba ya señales de vida. Investigaciones similares posteriores han arrojado siempre resultados idénticos.

[ Fuente (con un amplio análisis de las conclusiones) ]
[ Más información | Wikipedia ]
[ Relacionado: Experimento de la cárcel de Stanford (resumido) ]

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