... hmmm ...



!!! 79.3 !!!

Guardado en Dieta por Javi Moya el 11 de April de 2005
¿yo me prometí no subir nunca de 75?

10 kilos en 2 meses, o lo que es lo mismo, bajar de 70, ese es mi objetivo. Ayer me despedía, casi entre lágrimas, de mi adorado chocolate, atiborrándome descontroladamente de él justo antes de que dieran las doces. Esa era la fecha fijada para empezar mi “Dieta 2005″.

Hace 2 años ya hice otra dieta (llamémosle, en un arrebato de originalidad, “Dieta 2003″), en la que perdi casi 20 kilos en 3 meses; no sin esfuerzo y privaciones, pero la verdad es que mereció la pena, y con la misma mentalidad de entonces afronto éste nuevo desafío.

Según mi experiencia (aunque cada persona es un mundo) el secreto para adelgazar consta de 3 sencillos pasos:

1º) Alimentarse “bien”: Es decir, comer variado y sin abusar (en ningún caso pasar hambre). Basicamente consiste en restar chocolates, dulces y fritos, y sumar fruta, verduras, pescado, etc… a tu alimentación diaria. Con eso, y respetando el orden (o sea, no comer entre horas), es suficiente.

2º) Hacer ejercicio: Para mí este punto es mucho más importante que el primero. Hacer deporte a diario, además de quemar calorías, hace que la sensación de apetito disminuya, y encima te pones en forma, ¡¡¡ 3 en 1 !!!. Y es más sencillo de lo que pueda parecer: Un ameno paseo de una hora es el mejor ejercicio. Yo, para variar, lo intercalo con bicicleta, jugar a las raquetas, y la natación (en Verano). Además, mientras estoy de dieta, me olvido de que los ascensores existen: escalera que veo, escalera que subo.

3º) Mentalización: De nada sirven las buenas intenciones iniciales si uno no está plenamente convencido de querer lograr su meta. Para que el ímpetu inicial no decaiga a las pocas jornadas, además del cuerpo hay que ejercitar la mente, motivándola a diario a seguir en la lucha. Tener la mente fuerte hará que todo sea mucho más facil; y cuando las tentaciones acechen el secreto será dar la vuelta a la tortilla, y convertir las debilidades en fortalezas. Por ejemplo: qué ves un apetitoso helado de chocolate, recubierto de tiernas virutas de trufa, gritándote “cómeme”, pues tú ese pensamiento lo transformas en un “no me comas, y con lo que te ahorres de helados en 2 meses te haces un regalito de mi parte”. Así de fácil ! ¿o no?

Bueno… se admiten apuestas de cuantos días aguantaré…

La Ermita

Guardado en Personal por Javi Moya el 10 de April de 2005

Este sábado fuimos a Cártama para ver a la Virgen de los Remedios. Vamos de vez en cuando, menos de lo que debiéramos. La ermita que guarda la imagen se encuentra en lo alto de una montaña, para llegar hasta allí hay que subir por un caminito empedredado, que zigzaguea por una de las laderas de la colina, con una pendiente considerable. Por el camino siempre te cruzas con más gente, que suben o bajan, algunos van descalzos (cumpliendo alguna promesa), otros le llevan flores; algunas veces personas solitarias y otras veces familias enteras. El simple hecho de subir, y poder contemplar todo desde la altura es ya una gran experiencia; el aire es fresco y puro, y en el horizonte sólo hay pequeñas casitas de cal blanca enclavadas en un valle verde. Todo es sencillo y bello.

Una vez dentro de la ermita, siempre nos sentamos con mucho respeto y guardamos silencio en alguno de los bancos. En ese momento pasan muchas cosas por mi cabeza. Hay tantas cosas que quiero agradecerle, pero también por tantas personas que quiero que siga velando, que no sé exactamente como empezar. Y al final, llego a la conclusión, que no hace falta decirle nada. Ella sabrá leer, entre líneas, en mi corazón.

Este fin de semana el altar, a los pies de la imagen, estaba inundado de flores. Todo el mundo parecía hubiera competido por traerle las más hermosas. Allí sentados pudimos ver como una niña pequeña, que venía con su madre, traía un bonito ramo de florecillas violetas, que sin duda había recogido por el camino. Aquella escena era una auténtica ternura; sin duda un regalo para mis ojos.

En las paredes de la ermita hay unos paneles donde la gente coloca sus fotografías y la de sus seres queridos para que la Virgen guarde por ellos. No hay ni un centimetro no cubierto. Además de eso te encuentras todo tipo de cosas: mechones de cabellos, baberitos de recién nacidos, fotocopias de carnets de conducir, etc. Es increible cómo la gente del lugar confía y cree en ella.

Luego, antes de salir, siempre compramos unas velas, y las encedemos en un pequeño altar que hay a la entrada, y entonces emprendemos el descenso de vuelta. Ya en las callejuelas del pueblo, yo, un ratón de ciudad, pienso en lo diferente que es la vida en los pueblos.